Para muchas familias resulta complejo implementar una especie de jardín infantil en casa manteniendo la comunicación virtual con las y los educadores de párvulos. Por eso, a juicio de las académicas del Departamento de Educación de la Facultad de Ciencias Sociales, Mónica Manhey y María Jesús Viviani, el camino debiera ser adaptarse a las nuevas circunstancias a través del diálogo constante y honesto con las y los niños, resguardando el uso de las tecnologías, priorizando juegos y actividades lúdicas que despierten la autonomía y creatividad, organizando tiempos y espacios, entre otras estrategias.

Niños y niñas jugando en plazas, parques y al interior de jardines infantiles, divirtiéndose al aire libre junto a sus madres, padres o familiares, pasando gratos momentos especialmente durante días soleados. Un cuadro típico de esparcimiento que a partir de las medidas de confinamiento por la pandemia del Coronavirus durante los primeros meses de este año ha cambiado radicalmente a juegos y pasatiempos al interior de los hogares, protegiéndose al máximo de posibles contagios del virus.

Una nueva modalidad de enseñanza y aprendizaje se ha instaurado en este periodo de encierro, levantando nuevas disyuntivas e interrogantes de si es posible trasladar el jardín infantil o las aulas a la casa, manteniendo al mismo tiempo vínculos con las comunidades educativas donde se solía interactuar, conversar, conocer, experimentar y descubrir elementos del entorno natural pero también del resto de las personas.

En tiempos de pandemia, las mismas actividades que se realizaban en el jardín infantil pueden ser replicadas en casa, pero en la práctica es una idea irrealista.

El sentido y viabilidad de un jardín infantil en casa

Para muchas familias se ha vuelto todo un desafío conjugar trabajo, labores domésticas y enseñanza de contenidos a sus hijos e hijas por un tiempo prolongado que sigue siendo indefinido. Resulta difícil que no se aburran en el confinamiento y, muchas veces, los adultos no saben cómo mantener su atención para pasar materias curriculares, lo que se solía hacer en establecimientos educativos.

Suena y parece lógico pensar que las mismas actividades que se realizaban en el jardín infantil pueden ser replicadas en casa, pero en la práctica –indican expertas– es una idea bastante irrealista. Con la mayoría de los jardines infantiles cerrados, excepto aquellos que están haciendo turnos éticos, muchas instituciones, educadoras y educadores han decidido mantener el contacto con los niños, niñas y sus familias de manera online, propiciando situaciones de aprendizaje en sus casas a través de diversas estrategias. Una de ellas –y al parecer la más común– es el envío de fichas de trabajo o de actividades para que las familias hagan con sus hijas e hijos en casa.

El confinamiento en esta pandemia ha sido especialmente complejo en términos formativos y educativos para las y los estudiantes, produciendo drásticos cambios en la vida cotidiana.

Estas estrategias pueden parecer una buena idea ya que en teoría permiten mantener a los niños y niñas ocupados, desarrollando hábitos y aprendiendo los contenidos que sugiere el currículo nacional. Sin embargo, María Jesús Vivianijefa de carrera de Pedagogía en Educación Parvularia, describe que existen muchos aspectos que no se están considerando en este “nuevo modelo”; principalmente los intereses y necesidades de los mismos niños y niñas.

“Nos encontramos en una realidad compleja, incierta, y extremadamente desafiante para las familias con niños y niñas pequeños. Muchas madres y padres están intentando trabajar desde sus casas cumpliendo con objetivos de teletrabajo; otras familias deben salir a trabajar a pesar de los riesgos sanitarios, otras familias han perdido sus fuentes de ingreso ya que estas dependían del contacto con personas y buscan ‘reinventarse’ día a día. Una madre o padre que trabaja en un supermercado con la ansiedad que esto conlleva hoy, no necesariamente querrá sentarse a hacer actividades propuestas por el jardín de su hijo o hija cuando llega a casa”, apela.

Viviani considera que esta situación requiere de respuestas flexibles y adaptadas a cada realidad, con un alto componente se sentido común y de empatía. Es momento de priorizar los intereses de cada niña, niño y cada familia, por sobre el trabajo de los contenidos y, muchas veces, “esto implica olvidarse de lo que conocemos como jardín infantil y su estructura, para dar paso a nuevas rutinas, actividades y aprendizajes”, añade la académica.

Comenta que “algunos establecimientos envían guías o documentos de trabajo a los niños y niñas replicando un modelo ‘escolarizante’, lo que no necesariamente respeta sus derechos, al no considerar sus opiniones, necesidades y formas de aprender en el confinamiento”.

Para Mónica Manheyacadémica de la carrera y Departamento de Educación, también es necesario aclarar y comprender a nivel social que la educación parvularia o educación de los primeros años de vida no es sinónimo de jardín infantil. Tanto en Chile como en muchos países hay diferentes opciones de centros educativos (jardines infantiles, colegios o últimamente Play group) o programas (sala cuna en el consultorio o ludotecas), para quienes desean llevar a sus hijos o niños(as) u ofrecer mayores oportunidades de aprendizaje, valorando los beneficios que ello trae.

Un jardín infantil debiera considerar las diversas realidades y aconsejar a padres y cuidadores para crear ambientes positivos de respeto y crianza horizontal.

No obstante, sin importar si asistan a un centro educativo o programa, la familia es insustituible y por tanto son los primeros y más importantes agentes educativos. En tal sentido, al igual que Viviani refuerza que la idea no es replicar el jardín, sino que los niños y niñas tengan oportunidades de aprendizajes en sus hogares y en ello juegan un rol relevante los adultos significativos y a cargo de ellos, en todo momento y más en época de pandemia donde hay mucho nuevo que aprender.

Condiciones y ambientes propicios para la educación virtual

La académica Mónica Manhey subraya que en este escenario, los empleadores deben confiar en sus funcionarios, quienes se organizarán de otra manera para cumplir con las demandas laborales. Si bien el Ministerio del Trabajo llamó a impulsar medidas de ‘teletrabajo’ y flexibilidad laboral para reducir los niveles de contagio, y la responsabilidad de brindar las condiciones de seguridad para los trabajadores recae completamente en los empleadores, según lo establece el artículo 184 del Código del Trabajo, la docente se pregunta qué ocurre con el bienestar emocional de las y los trabajadores. A esto se suma el cuidado y atención de sus niños y niñas.

Si bien hay situaciones excepcionales, en general la percepción de María Jesús Viviani es que no se están dando suficientes facilidades a las familias con hijas e hijos pequeños para que se hagan cargo de su cuidado y educación, además de cumplir con los objetivos profesionales. 

Por otro lado, es importante también que a nivel político se generen las condiciones para que aquellas familias con hijos e hijas pequeños puedan acceder a horarios más flexibles, menores cargas de trabajo y otras flexibilidades que requieran mientras estén en casa. Al mismo tiempo, es relevante que las decisiones políticas consideren los intereses y necesidades de los niños y las niñas, y no solo de sus padres.

“Nos encontramos en una realidad compleja, incierta, y extremadamente desafiante para las familias con niños”, señala María Jesús Viviani. Foto de Alejandra Cornejo.

Adultos y niños: una relación de mutuo aprendizaje

“Pienso que es importante entender que estamos en un ‘modo de sobrevivencia’ y tomar conciencia de que simplemente no podemos hacer todo lo que nos gustaría o lo que teníamos planificado para este tiempo, y está bien. Debiéramos derribar la idea de estar obligados a solo producir y avanzar en los objetivos de aprendizaje que propone el currículum de educación parvularia. Más bien es tiempo de volver a lo básico y organizarse a partir de ello. Tanto nosotros como nuestros niños y niñas necesitamos dormir, comer e idealmente realizar algo de ejercicio diariamente. Nuestro bienestar físico, emocional y psicológico están en primer lugar y es en esto en lo que debemos gastar nuestras energías”, detalla Viviani.

¿Cómo puede el jardín infantil realmente ser un aporte en este contexto? De acuerdo a la educadora de párvulos, éste puede entregar una suerte de estructura o rutina a las familias que las ayude a organizarse. También se puede utilizar la tecnología para fomentar las interacciones y mantener relaciones cálidas entre los adultos del jardín (educadoras y técnicos) y los niños y niñas. Pueden sugerir experiencias lúdicas y concretas para promover el movimiento, la creatividad y la actividad física, que estén integradas con las actividades de las familias, además de analizar la situación emocional de cada familia e intervenir para promover el bienestar de todos los miembros.

Si bien las y los niños no pueden salir actualmente, como señala el pensador, psicopedagogo y dibujante italiano, Francesco Tonuci, la ciudad debe ser de ellos y toda la sociedad es educador(a).

Cómo llevar de mejor manera el proceso educativo en el hogar, conciliando juego y trabajo

Hoy en día, los caminos y estrategias de educación en casa que se han generado en educación parvularia han sido principalmente el envío de fichas de trabajo desde el jardín infantil, la sugerencia de actividades de estimulación y otras como manualidades o creaciones, el envío de videos con cuentos y canciones y la realización de llamadas o videollamadas con los niños y niñas.

Estas estrategias son muy desafiantes, explica Viviani, tanto para educadoras que deben diseñarlas y enviarlas, como para las familias y especialmente las y los niños quienes deben ejecutarlas en un tiempo acotado y en medio de rutinas familiares muy recargadas. Muchas veces los objetivos no se logran, los niños y niñas no desean sentarse a hacer las actividades, los padres y otros adultos no pueden apoyarlos, o simplemente no pueden imprimir las fichas y les resulta imposible resolverlas.

Un Jardín Infantil también debiera considerar estas realidades y aconsejar a padres y cuidadores para crear ambientes positivos de respeto y crianza horizontal, donde niños y niñas sean tratados como iguales, y en los cuales la autoridad se gane mediante el respeto al niño(a) como persona, no mediante el miedo o amenazas.

De cara a una mejor experiencia educativa y convivencia al interior del hogar, la académica sugiere, entre otras cosas, aceptar esta situación difícil sin “presionarnos o juzgarnos de más” por parte de los adultos.

Organizar oportunidades para que los niños y niñas conversen con familiares a través del teléfono o por videollamada, sumado al fomento del juego autónomo y creativo, utilizar herramientas visuales para hacer saber a los niños en qué momento están disponibles. En ese sentido, Mónica Manhey añade que es importante enseñarle a los niños y niñas después de los primeros años de vida que cada persona necesita su espacio, respetar su intimidad y sus intereses. 

Una clave en la comunicación entre adulto-niño es la honestidad, especialmente cuando preguntan qué está sucediendo en el mundo/ Foto de Alejandra Cornejo.